He llegado a la conclusión de que el problema no soy yo, la angustia únicamente la provoca el montón de gente que está a mi alrededor. No hablo de mis amigos, ni de mi familia. Hablo de esa gente que está ahí afuera esperando para defraudarte, para ilusionarte en vano y para triturar tu cerebro con más de mil intrigas.
¿Es posible que haya una persona totalmente inocente en este mundo?, incluso yo acepto lo porquería que he sido, no con todo el mundo, aclaro, pero sí con algunos que no se lo merecen. Aún así, pienso que el punto no soy yo, pues ya me he culpado demasiado. Ahora estoy molesto con todas las personas que te ponen a esperar, que manipulan tus emociones, que te obligan a sentir lo que ni siquiera quieres, incluso, con esas personas que te quieren a medias, haciendote pensar que no te debes ir pero tampoco te debes quedar.
Qué inconformidad con las personas que habitan este mundo, todas tan aparentemente buenas pero tan exageradamente perniciosas. ¿Qué sentido tiene todo esto?, como si se tratara de una guerra en la que el más fuerte es el que menos siente, el que más rápido supera y el que sabe cómo romper ilusiones y cómo volverlas a construir con mentiras.
Tal vez todo es un mecanismo de defensa de una reacción en cadena que algún día provocó alguien, quien perdió sus esperanzas y su confianza en los demás, y logró conservar mínimos sus anhelos, ofreciendo muy poco a quienes querían ofrecerle mucho y causando las mismas inseguridades con las que empezó su cambio.